Del Libro "POEMAS DEL ASOMBRO"
COSMOGENESIS III
Roncando como truenos del averno,
tétrica,
la tierra esférica, tambalea,
su matriz inmensa
preñada
con el peso del futuro
que va a desparramarse por sus muslos.
Monstruosa
madre,
en sus fauces de cavernas
se quema y se cocina
la materia que transforma
su más secreta
piedra.
Sus pectorales músculos
pletóricos
y su pulmón de cavas
alveolares primordiales
deletéreas
soplan hasta insuflar de vida
la síntesis carbónica
de luz y clorofila.
Los pliegues de su vientre,
y las arrugas de su gleba
forman y nutren
y acunan la semilla.
Y entonces el proceso
de sus jugos nucléicos
compone sus canciones
de enamorados sueños,
poemas para orquesta,
escaleras espirales de materia
genética.
Tras de millones de millones
de años-fuego,
llegamos.
Apenas comenzando,
procariote ancestral,
microscópico
Adán,
ser
primero,
mi pre-yo bacterial
donde el proyecto
del amor
se me encendió
de vida
en la fusión
de la forma materia
con la forma energía.
Y desde allí se abriría
la pupila!
Entre tanto universo,
¿Qué gota nos destila?
Y en el caos,
¿Qué nos contamina?
1990
MATRIZ DEL UNIVERSO
El espacio es la placenta,
la matriz del universo.
Y tú,
padre nuestro,
la Energía.
Tomas mil formas.
Transformado
en luz
penetras
la vagina
del cosmos
y lanzas
tu semilla
explosiva.
Nebulosas que giran
expandiendo
el vientre del espacio
germinan en silencio
a los hijos
de tu verbo.
Cuerpos siderales
secretos
que nuestros instrumentos
van descubriendo.
Nébulas,
polvo de materia,
zigotes, embriones,
espirales, galaxias, estrellas,
soles binarios gemelos,
sistemas planetarios.
Todo el proyecto culminado
en las especies
vivas que pululan
en los pliegues
de la costra
de las esferas de piedra
donde el fuego cesa y el agua que alimenta
nos espera.
La vida en su crescendo...
cuando la luz nos gesta
empujando
su miembro mágico
entre el íntimo ámbito
de una ninfa que se acuesta formando
con su vientre
la curva infinita de todo cuanto existe.
Luz: semental
del universo….
Y en el fondo, resbalando,
el Tempo!
Floreciendo,
abriendo su secreto:
porque el tiempo
es el Huevo.
UMBRALES
Círculos,
redomas,
retortas, alambiques,
tubos frágiles,
vidrios
donde el vapor describe
sus volutas;
cristales, estructuras microscópicas,
mundo que se abre
bajo las puntas de la luz,
en el nivel elemental
de cuatro cuerpos
airados y tremendos:
fuego, agua,
tierra,
viento.
Yo soy el dueño.
Mi retina
se toma los terrenos
de ese reino.
He traspasado puertas
electrónicas
que yo mismo me he hecho
y túneles abiertos
hasta submundos microcósmicos
secretos.
Yo soy el hombre.
Soy el dueño. Con mi dedo
he punzado la vida.
No me bastó segarla
en genocidios ciegos
cuando aprendí, cruelmente,
a convertir
los átomos
en fuego.
También quise
ser Creador, y de la piedra
transmutar, ya no el oro,
sino
la sola célula,
el ácido inactivo
convertido en potencia.
He ordenado
en la materia quieta
la carne
de la vida.
He ensamblado polímeros
para hacer cintas nucleicas
de moléculas vivas.
Y con mis manos he mutado
los planos
de la naturaleza,
corrigiendo, arbitrario
el paisaje
y el campo,
la víscera
y el rostro,
el gene
y el satélite.
Mutantes
mutando.
Yo soy el hombre
que hago
mi mundo
a mi agrado.
Todo lo sé,
todo
lo he logrado.
Pero al final me pregunto
si no estoy
equivocado.
ESPIRAL
La escalera secreta
tiene los peldaños
de materia genética,
dos bandas entorchadas
suben desde la tierra
hasta los más profundos
niveles de conciencia.
Es la estructura clave
donde se apoya el cosmos
ascendiendo a la vida.
Espiral que se envuelve
como eclíptica,
balanceando en sus giros
el circo luminoso
de las especies
y los seres.
En sus hélices, escrita,
nace la palabra,
el proyecto,
la carne, el pensamiento,
la verdad
y la mentira.
Desde su último elemento
plasmático y nucléico,
la sangre de la herida
madura en la materia.
Y palpitan
danzando en su molécula
profunda y escondida
las voces de la herencia
y el hito de la muerte
contenida
en su esencia.
Pero en sus trenzas fieles,
bajo su fuerza ciega,
se ciñe el universo
al plan supremo,
se descifra
la pasión del verbo.
En su río profético
rodamos,
en su flúido magnético
ascendemos
hacia los más altos
niveles de conciencia…
y flotamos,
enlazados,
girando con los cilios
de genes y dendritas
en tempestades eléctricas
y químicas,
en el oxígeno vital
y el hilarante gas
de las rutas orbitales,
deshilvanando ovillos
de polímeros
por laberintos cerebrales
en sagradas regiones
de la noosfera
donde los dioses superiores
y los espíritus libertos
nos observan
y esperan. 1974
LA MUSICA II
Esta música
que habito
sola
contigo
cuando estás ausente,
forma
en torno a mis oídos transparentes
un itinerario iluminado
de arcos y pilares, ámbitos y catedrales,
y habitáculos.
Lozas y piedras brillan con sus rayos,
cintilan
bronces de luz en mis retinas.
En mis trompas, resuenan
cuando palpo
con mi tímpano erizado
sus ojivas
convergiendo en la clave \ de mi cráneo.
Sus tintes intangibles
cifran los arco iris del misterio cromático.
Con los ojos cerrados, en mi cerebro
pulso y detecto
el destello polifacético de su etéreo
cuerpo, (hecho de vibración en movimiento).
Se entorcha por mi cuello, se enreda en mi cabello,
la trenzo entre mis dedos.
Giro la mano alada y me levanta
su danza. Vuelo.
Desde tus hombros
pendo.
Entre tus brazos
floto.
En tus pupilas oigo,
eterna,
la otra orilla.
La curva de su amplia melodía
me enseña
el más allá que vislumbramos
en el éxtasis intenso,
el camino que buscamos hacia el universo.
La música: vestido que se usa
sobre el alma,
piel para el espíritu.
(Como un cuerpo,
donde habito.)
No sabría
si la música
es el único recuerdo que no hiere,
o es la única herida
que no duele.