Del libro "PALABRAS COMO GRANOS"
ÁRBOL
Un árbol que yo misma sembré
se vino abajo
bajo el cielo
de enero.
En las tardes
fue un guardia dirigiendo
el tráfico del viento
y en la noche,
portero vigilante que entregaba mis llaves
a los astros sonámbulos.
No amanecía la dulzura de la lluvia
sin entreabrir primero sus pestañas,
y cuando el sol jugaba por mi césped,
mi cotidiana lámpara
era su copa iluminada.
Era el lindero de la ausencia,
la sombra de mis huellas
en la tierra.
Señalando el horizonte me llevaba
más lejos que mis sueños,
y era la voz del aire
si hacíamos silencio.
Pero hoy, hacia la tarde,
dirigiendo su paso por mi calle,
lo atropelló la brisa de repente,
y era tan alto y tan abierto
que no pudo apoyarse entre mis manos
y se me vino al suelo
¡irrevocablemente!
CON ELACIÓN INTENSA
¿Sabes por qué te me incendiaste?
Fue porque yo te amaba,
árbol de mis tardes,
único ser que me quedaba
frente al tiempo.
¿Sabes por qué te calcinó un incendio?
Porque en el fondo de mi alma había
un sentimiento
que me aferraba desesperadamente
a la belleza de tu cuerpo,
a tu esperanza verde,
a tu palabra inteligente,
a la paz de tus tardes sombreadas.
¿Sabes por qué te has muerto
entre las llamas?
Porque la vida castiga mi inocencia
con saña,
me niega
cuanto pida,
me quita
todo lo que palpita
entre mis sienes.
Árbol inerme, víctima inocente,
yo pulsaba tu savia
entre mis venas.
Has debido morir
por la sentencia:
amar como yo amo,
con elación intensa,
es sólo para dioses,
no se debe lograr sobre la tierra.