Del Libro "EN LA BALANZA DE PIEDRA Y CIELO"
CATLEYA
Se hace de sí misma
la carne de la orquídea:
De su hermosura
surge su agenda silenciosa,
y sin que nadie escuche
su sangre rumorosa,
cada gene construye
su cuerpo, gota a gota,
como una adolescente
que se forma
de los besos que espera,
de las mieles que ignora.
Como espejo, genera
la luz con que diseña
el giro en su corola.
Cada célula sueña
su imagen carismática:
se dobla y multiplica
y es blanda arcilla mágica
que crece entre los dedos
de la vida.
De sí misma,
como la carne herida,
regenera, de su propio dolor
nueva y dulce materia,
y cifra* su belleza
en la clave cifrada**
por la naturaleza,
trazando por sus venas
la arquitectura alada
que en aromas levanta
su embriagada cabeza.
La ruta de su savia
describe su silueta
y en sus jugos decanta
su temor, y proyecta
el clímax de su día.
En sus horas de gloria,
de su linaje acopia
translucencias de cera
y tinturas de nácar,
la textura del ámbar,
el color de la perla.
Sólo el alba la emula
en blancura
y en gracia.
De su estructura interna
deriva su armonía
y hasta la piel le brota
esa tersura ungida
que seduce a quien toca.
Pero no, no la palpes,
no la violes,
ni holles.
Únicamente mírala!
La huella de los hombres
la hiere y contamina:
Sólo para los dioses
su gestación se enciende
y se ilumina.
A sí misma
se nace
y se prodiga.
Su creación florece
entre su propio enigma.
* cifrar: basar un proyecto
** cifrar: poner en clave
DIAPASÓN
A la memoria (y la manera) del Maestro Guillermo Valencia
Toma este libro y tiende su sábana en tus piernas,
recoge las volutas de calma que te quedan,
deja que ascienda, blanda y azulada, la veta
marmórea por la opaca penumbra de tu alcoba,
cuando sólo el silencio combata la humareda.
Y la palabra exacta que yo te voy poniendo
entre párpado y labio, penetre hasta tu mente
como un taladro rápido que hace saltar de pozos
los vinos fabulosos y oscuros del petróleo.
Olvida que la imprenta fijó con caracteres
de símbolo y convenio su rígido alfabeto;
sólo recuerda en blanco como un pintor tu lienzo
y sobre el terso mármol del propio pensamiento
deja fluir el trazo de cuanto el ojo vea
para que allí seamos, por gracia del poema,
no sólo dos hermanos idénticos gemelos
sino mejor, un canto de los dos y una idea.
Esquivo es el milagro de la palabra clara
y confuso el sonido de la imagen abstracta;
el corazón del hombre no tiene matemática
ni el sentimiento encuentra común vocabulario.
Pero yo, que en el goce he encontrado la lágrima,
igual que los profetas y los antiguos sabios,
igual que los mendigos y los demás poetas,
apelo a tu profunda vibración de membrana,
de diapasón, de copa, de cuerda, de campana,
para que seas testigo conmigo de la duda,
y la verdad descubras o destroces
y una vez más hallemos la razón de la lucha
y la lágrima muda en el fondo del goce.
EL PESO
No es por el milagro diminuto
que sostiene en la gota
su corazón de mundo
que palpita,
no es por su forma
esférica que rueda
si un artífice gnomo
la funde y la destila,
ni por la norma
geométrica que afirma
sus tensiones internas,
por lo que la lágrima
resbala en la mejilla:
es por la resina dolorida
que rezuma en su entraña;
es por que la hace más espesa
esa
carga de vida
que se concentra en ella.
No por la sal que amarga
su sabor,
ni por su clara y cristalina huella
que confirma su belleza...
Es
por el amor
por lo que pesa!