Del Libro "EN LA BALANZA DE PIEDRA Y CIELO"

Publicado en por Olga Elena Mattei

             CATLEYA

 

Se hace de sí misma

la carne de la orquídea:

De su hermosura

surge su agenda silenciosa,

y sin que nadie escuche

su sangre rumorosa,

cada gene construye

su cuerpo, gota a gota,

como una adolescente

que se forma

de los besos que espera,

de las mieles que ignora.

 

Como espejo, genera

la luz con que diseña

el giro en su corola.

 

Cada célula sueña

su imagen carismática:

se dobla y multiplica

y es blanda arcilla mágica

que crece entre los dedos

de la vida.

 

De sí misma,

como la carne herida,

regenera, de su propio dolor

nueva y dulce materia,

y cifra* su belleza

en la clave cifrada**

por la naturaleza,

trazando por sus venas

la arquitectura alada

que en aromas levanta

su embriagada cabeza.

 

La ruta de su savia

describe su silueta

y en sus jugos decanta

su temor, y proyecta

el clímax de su día.

En sus horas de gloria,

de su linaje acopia

translucencias de cera

y tinturas de nácar,

la textura del ámbar,

el color de la perla.

 

Sólo el alba la emula

en blancura

y en gracia.

De su estructura interna

deriva su armonía

y hasta la piel le brota

esa tersura ungida

que seduce a quien toca.

 

Pero no, no la palpes,

no la violes,

ni holles.

Únicamente mírala!

La huella de los hombres

la hiere y contamina:

Sólo para los dioses

su gestación se enciende

y se ilumina.

 

A sí misma

se nace

y se prodiga.

Su creación florece                             

entre su propio enigma.                 

 

                                                               * cifrar: basar un proyecto

                                                             ** cifrar: poner en clave

                                                                    

 

                           DIAPASÓN 

 

A la memoria (y la manera) del Maestro Guillermo Valencia

 

Toma este libro y tiende su sábana en tus piernas,

recoge las volutas de calma que te quedan,

deja que ascienda, blanda y azulada, la veta

marmórea por la opaca penumbra de tu alcoba,

cuando sólo el silencio combata la humareda.

 

Y la palabra exacta que yo te voy poniendo

entre párpado y labio, penetre hasta tu mente

como un taladro rápido que hace saltar de pozos

los vinos fabulosos y oscuros del petróleo.

 

Olvida que la imprenta fijó con caracteres

de símbolo y convenio su rígido alfabeto;

sólo recuerda en blanco como un pintor tu lienzo

y sobre el terso mármol del propio pensamiento

deja fluir el trazo de cuanto el ojo vea

para que allí seamos, por gracia del poema,

no sólo dos hermanos idénticos gemelos

sino mejor, un canto de los dos y una idea. 

 

Esquivo es el milagro de la palabra clara

y confuso el sonido de la imagen abstracta;

el corazón del hombre no tiene matemática

ni el sentimiento encuentra común vocabulario.

 

Pero yo, que en el goce he encontrado la lágrima,

igual que los profetas y los antiguos sabios,

igual que los mendigos y los demás poetas,

apelo a tu profunda vibración de membrana,

de diapasón, de copa, de cuerda, de campana,

para que seas testigo conmigo de la duda,

y la verdad descubras o destroces

y una vez más hallemos la razón de la lucha

y la lágrima muda en el fondo del goce.

 

 

                EL PESO

 

No es por el milagro diminuto

que sostiene en la gota

su corazón de mundo

que palpita,

no es por su forma

esférica que rueda

si un artífice gnomo

la funde y la destila,

ni por la norma

geométrica que afirma

sus tensiones internas,

por lo que la lágrima

resbala en la mejilla:

es por la resina dolorida

que rezuma en su entraña;

es por que la hace más espesa

esa

carga de vida

que se concentra en ella.

No por la sal que amarga

su sabor,

ni por su clara y cristalina huella

que confirma su belleza...

 

Es

por el amor

por lo que pesa!

 

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