Del libro "EL PROFUNDO PLACER DE ESTE DOLOR"

Publicado en por Olga Elena Mattei

       INSTRUCCIONES DE PROCEDIMIENTOS

                  PARA EXPANDIR EL AURA

 

Para empezar,

déjate amar:

déjate amar del alma

que se acerca a tus tristezas,

de mi alma que busca

tus entrañas desiertas...

 

Luego, escucha...no mis promesas,

sino tus propias quejas,

tu añoranza, tus carencias;

la frialdad nocturna;

la oscuridad que te silencia.

La soledad interna....

 

Y después, recuerda:

recuerda mis palabras

que te dejan

sabores de esperanza.

Recuerda mi mirada,

la que intenta

penetrar en tu alma.

 

Abre

de par en par la entrada,

haz que un túnel secreto

conecte las pupilas:

déjame transitar por esta vía,

alcanzarte en el vértice

al centro de tu fuero.

 

Y entonces, alza el vuelo

al impulso de un beso,

sube en su fuerza, flota en su aliento,

recóbrate en su eco,

gira en su vórtice

magnético.

El amor es ciclotrón de plasmas vivos.

 

Ciclones energéticos.

Es el crisol que funde en amalgamas

las almas que se aman,

los espíritus capaces

de superar este nirvana

que nos sujeta  y nos condena

a este planeta.

 

Si me amaras,

te enseñaría la manera

de alcanzar sin batallas

la verdadera meta,

te llevaría a la montaña

de los iluminados que superan

los lastres

de la tierra.

   

Déjate amar...

Intenta

levitar en mi esfera,

entre la luz intensa con que el amor refleja

su índole sagrada, su vibración secreta;

si la elación  del alma

te re-crea

convertido en asceta,

se acrecerá tu aura

y el resplandor que te rodea.

 

Yo seré el diapasón

de tus ondas perfectas:

ambos podremos ondular

en el acorde unísono:

gemelos en espejo,

dos personas en eco,

pensamientos expandidos

que penetran

la luz ajena,

la sombra alterna,

el cuerpo etéreo,     

el alter      

ego.

 

 

       ÉXTASIS Y DOLOR INTENSO

 

Es media noche y creo

que duermes escondido

en el país del sueño.

Explosivos internos  

estallan mi universo.

Al mismo tiempo,

me expando, me invierto, me vuelco.

Todo mi cuerpo se derrite

en una sensación

de incendio…

catatónico, inerte como peso

muerto,

pero vivo, como en el nacimiento

de un ser nuevo.

Se me demuda el rostro,

se petrifica el gesto

de la entrega total de la conciencia.

 

Un rictus de ausencia

se me dibuja en el lenguaje

de los labios

y mis párpados

exhaustos

dejan ver el raro brillo

de mis ojos entornados en blanco.

No respiro.

Un ácido quemante como el filo

de una flecha de acero

me lacera por dentro.

 

No me muevo.

No me defiendo.

Quiero

este dolor interno

rasgando corazón y fuero.

 

Y floto convertida

en un ángel ligero,

en una luz incandescente

que me funde a distancia

con tu ardor etéreo,

cruzándonos

a ambos

las pupilas.

Permanezco

ajena a todo cuanto me rodea.

No reconozco

ni mi lugar ni tu contexto.

Solo viento…

 

Y esta asfixia de amor

que me diluye

el tiempo,

me deshace de mí misma

y me convierte en ti,

transfigurada

en tus propias palabras

y en tu propio ego.

                               

        ÚLTIMO ESTADIO

 

Quédate así, con tu mirada

revertida en la mía.

Con tu espíritu suspenso

en mi agonía.

No te muevas jamás de este epicentro.

Inmóviles, concéntricos,

giremos:

Un eje entre los cuerpos,

el haz de luz que nos amarra

las retinas.

Rueda la rueda de la vida.

 

Quédate amor, inmóvil

pupila con pupila.

Que la piel se deslía y la materia entregue

su cuanta de energía

para que no me estorbe

la valla de tu carne

oponiendo su sitio

a la invasión del plasma

metafísico.

Quédate hasta que ya no haya

lugar físico, ni cuerpos,

ni tiempo

que impongan su proceso

al pensamiento.

Donde el amor reemplace

la conciencia del yo;

y ya no sea necesario

el acto de la unión,

ya que ambos estaremos

en esa unión en acto

que nos acerca y se parece

al ACTO que llamamos

DIOS.

Que este estadio luminoso

nos convierta en vibración

eterna.

 

 

                   

        RETAZOS DE MIS PALABRAS

 

Cactus soy,

greda

de carne florecida,

vaso de líquidas ofrendas.

Para la sed que hay en tu lengua,

yo encierro entre mis células

el jugo

de la vida.

Trato de preservar

la sazón milagrosa

para la hora de la paz…

Porque también el alma

tiene frutos sometidos

a la estación

de madurar.

Pon tu pupila abierta

frente al túnel del tiempo:

que mi lágrima vierta

mi luz entre tu fuego.

Si destilas ajenjo

y el sabor de tus manos

se contagia de líquidos

amargos,

reconoce por fin

que eres humano

y pálpate los huesos

que has negado.

 

Si un día se te queda

un pensamiento o un recuerdo

de mi voz, enredado,

no lo sacudas,

déjalo

cantar a tu costado.

Yo te amaré en mi misma,

porque estarás viviendo

en la estructura interna

de mi psiquis

y en la memoria impresa,

entre las obstinadas

membranas

de mis células.

Tu eres el único recuerdo

que no hiere,

la única herida

que no duele…

Pero yo soy mas honda que el dolor

y tengo entre mi arcilla,

después de cada muerte

otra semilla.

                                                       

 

 

 

        RECIPIENTE

 

Estupefacta,

como ser terrenal

que se encuentra cara a cara

con un dios zenital

que baja

y lo acompaña.

Atónita e incrédula

como novicia incauta

que adivina

la voz de un ángel

que canta

junto a ella…..

 

Quieta,

como un cántaro

preñado

por el sabor del agua,

sorprendida

como una copa

herida

en su cristal profundo

por el paso de una onda

de música que se alza

y que penetra con su ritmo

a la interior estancia

de lo íntimo…….

Iridiscente,

como vasija traspasada

por el rayo

de una luz recién

creada.

 

Así,

en este estado

de elación me dejas

tras el paso

de tu hálito.

Ser alado, ángel,

hombre hecho de ojos

sin medida, de mirada sin prisa,

de aliento eterno,

de melodías sin peso,

espejo frente a espejo

revertido

en el encuentro

de tu rostro y mi rostro

y tus pupilas en las mías;

de pieles electrizadas y efervescentes,

bajo los dedos mojados

en tu música

inaudita.

 

Soy

recipiente de tu fuente

medular e intensa,

de tu fuero integral,

de tu vivencia.

Tu mente que se abre

bajo la greda de mi frente…

Tu pensamiento involucral

que me acaricia

y me rodea…

 

Y te irás…te irás cuando los ecos

de tus arpegios

se me pierdan,……

mundo abajo del tiempo,

por el grito del recuerdo…

Tu palabra tonal,

tu palabra escalar,

tu palabra musical

engastada en mi cerebro,

incrustada en mi pecho,

grabada

en la memoria

dolorosa

de tus besos.

 

Porque te irás...

y yo

me quedaré en silencio…

 

Pero….

aún seré continente,

continente de tus aguas de música,

de tu río de escalas cromáticas

y

del de mis lágrimas,

ribera de los ecos de tu aliento,

huella impregnada por tu cuerpo,

patria del recuerdo

y monumento

para tu alma.

 

      

     ORGASMO NO: ! ES ÉXTASIS !

 

El éxtasis

no es,

NO ES

el orgasmo.

La gente sin hondura

confunde los términos.

Mas…

el éxtasis no surge

de los terminales de los nervios,

esas raíces escondidas

como espinas íntimas

entre los pliegues de tu sexo;

las que hurgan y punzan,

urticantes,

labios y cuellos,

con roces leves

o con toques intensos,

en los rincones de tu cuerpo

desatando

indecibles deleites

entre

estertores y estremecimientos.

 

Pero ! NO!

el éxtasis NO ES eso.

El éxtasis del que hablo

ignora por completo

tu ser físico,

tu sed, tu piel,

tus órganos internos.

Tus deseos.

Abandona

los sentidos vivos

de tus hambres sensuales,

viscerales,

y te centra

en un plano psíquico

que lleva

a otra realidad interna.

Al contrario del orgasmo,

el éxtasis te evade

de todo lo terreno.

 

El éxtasis es fuego

sin combustible, ni leňo,

es un ciclón de oxígeno

inundando el cerebro,

es respirar sin los pulmones,

sin alvéolos,

la presencia mental del otro ser,

del ser con quien comulgas

en silencio….

Es alcanzar el epicentro

de la contemplación en embeleso,

es arrebato, exaltación,

ascenso,

y al mismo tiempo,

enajenación del propio fuero.

 

Y sin embargo,

sí hay algo

similar

entre éxtasis y orgasmo:

ambos comienzan, casi siempre,

con la penetración

de un cuerpo en otro cuerpo.

No obstante,

medios y procedimientos

son opuestos.

Porque en el éxtasis

no interviene nunca

un miembro.

 

 

En vez de ello,

es la luz la que penetra

la carne transparente

del cristalino y la retina:

la herida abierta

en la pupila,

la puerta,

la beatífica puerta.

La luz, onda que porta

el más sagital de los lenguajes.

 

Doble incidencia,

penetración de las conciencias,

tránsito, transpaso

de espíritus alados

que se internan

en sus secretas rutas

cruzando los senderos

de sus miradas mutuas,

aún en ausencia.

 

Un milagro desciende 

al contacto de los egos,

en la unión

de pensamientos,

y hay tanta vibración

y tal fulgor espiritual

que los seres alcanzan

un estadio superior

de elevación.

Se pierde

percepción

del lugar y del cuerpo.

se flota y parece

que vamos ascendiendo,

ingrávidos, henchidos

de sentimiento.

Transfigurado el rostro,

la carne iluminada enciende

su demudado gesto,

su rictus misterioso.

Respirar no es necesario.

Nada es normal, y la materia

pierde su contundencia.

La plenitud de amar intensamente

nos revierte

a la verdad transcendental,

y nos convierte

en una nueva

especie.

Ahora somos

más que humanos:

¡ cuando entramos

en éxtasis !

Publicidad
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post