Del libro "EL PROFUNDO PLACER DE ESTE DOLOR"
INSTRUCCIONES DE PROCEDIMIENTOS
PARA EXPANDIR EL AURA
Para empezar,
déjate amar:
déjate amar del alma
que se acerca a tus tristezas,
de mi alma que busca
tus entrañas desiertas...
Luego, escucha...no mis promesas,
sino tus propias quejas,
tu añoranza, tus carencias;
la frialdad nocturna;
la oscuridad que te silencia.
La soledad interna....
Y después, recuerda:
recuerda mis palabras
que te dejan
sabores de esperanza.
Recuerda mi mirada,
la que intenta
penetrar en tu alma.
Abre
de par en par la entrada,
haz que un túnel secreto
conecte las pupilas:
déjame transitar por esta vía,
alcanzarte en el vértice
al centro de tu fuero.
Y entonces, alza el vuelo
al impulso de un beso,
sube en su fuerza, flota en su aliento,
recóbrate en su eco,
gira en su vórtice
magnético.
El amor es ciclotrón de plasmas vivos.
Ciclones energéticos.
Es el crisol que funde en amalgamas
las almas que se aman,
los espíritus capaces
de superar este nirvana
que nos sujeta y nos condena
a este planeta.
Si me amaras,
te enseñaría la manera
de alcanzar sin batallas
la verdadera meta,
te llevaría a la montaña
de los iluminados que superan
los lastres
de la tierra.
Déjate amar...
Intenta
levitar en mi esfera,
entre la luz intensa con que el amor refleja
su índole sagrada, su vibración secreta;
si la elación del alma
te re-crea
convertido en asceta,
se acrecerá tu aura
y el resplandor que te rodea.
Yo seré el diapasón
de tus ondas perfectas:
ambos podremos ondular
en el acorde unísono:
gemelos en espejo,
dos personas en eco,
pensamientos expandidos
que penetran
la luz ajena,
la sombra alterna,
el cuerpo etéreo,
el alter
ego.
ÉXTASIS Y DOLOR INTENSO
Es media noche y creo
que duermes escondido
en el país del sueño.
Explosivos internos
estallan mi universo.
Al mismo tiempo,
me expando, me invierto, me vuelco.
Todo mi cuerpo se derrite
en una sensación
de incendio…
catatónico, inerte como peso
muerto,
pero vivo, como en el nacimiento
de un ser nuevo.
Se me demuda el rostro,
se petrifica el gesto
de la entrega total de la conciencia.
Un rictus de ausencia
se me dibuja en el lenguaje
de los labios
y mis párpados
exhaustos
dejan ver el raro brillo
de mis ojos entornados en blanco.
No respiro.
Un ácido quemante como el filo
de una flecha de acero
me lacera por dentro.
No me muevo.
No me defiendo.
Quiero
este dolor interno
rasgando corazón y fuero.
Y floto convertida
en un ángel ligero,
en una luz incandescente
que me funde a distancia
con tu ardor etéreo,
cruzándonos
a ambos
las pupilas.
Permanezco
ajena a todo cuanto me rodea.
No reconozco
ni mi lugar ni tu contexto.
Solo viento…
Y esta asfixia de amor
que me diluye
el tiempo,
me deshace de mí misma
y me convierte en ti,
transfigurada
en tus propias palabras
y en tu propio ego.
ÚLTIMO ESTADIO
Quédate así, con tu mirada
revertida en la mía.
Con tu espíritu suspenso
en mi agonía.
No te muevas jamás de este epicentro.
Inmóviles, concéntricos,
giremos:
Un eje entre los cuerpos,
el haz de luz que nos amarra
las retinas.
Rueda la rueda de la vida.
Quédate amor, inmóvil
pupila con pupila.
Que la piel se deslía y la materia entregue
su cuanta de energía
para que no me estorbe
la valla de tu carne
oponiendo su sitio
a la invasión del plasma
metafísico.
Quédate hasta que ya no haya
lugar físico, ni cuerpos,
ni tiempo
que impongan su proceso
al pensamiento.
Donde el amor reemplace
la conciencia del yo;
y ya no sea necesario
el acto de la unión,
ya que ambos estaremos
en esa unión en acto
que nos acerca y se parece
al ACTO que llamamos
DIOS.
Que este estadio luminoso
nos convierta en vibración
eterna.
RETAZOS DE MIS PALABRAS
Cactus soy,
greda
de carne florecida,
vaso de líquidas ofrendas.
Para la sed que hay en tu lengua,
yo encierro entre mis células
el jugo
de la vida.
Trato de preservar
la sazón milagrosa
para la hora de la paz…
Porque también el alma
tiene frutos sometidos
a la estación
de madurar.
Pon tu pupila abierta
frente al túnel del tiempo:
que mi lágrima vierta
mi luz entre tu fuego.
Si destilas ajenjo
y el sabor de tus manos
se contagia de líquidos
amargos,
reconoce por fin
que eres humano
y pálpate los huesos
que has negado.
Si un día se te queda
un pensamiento o un recuerdo
de mi voz, enredado,
no lo sacudas,
déjalo
cantar a tu costado.
Yo te amaré en mi misma,
porque estarás viviendo
en la estructura interna
de mi psiquis
y en la memoria impresa,
entre las obstinadas
membranas
de mis células.
Tu eres el único recuerdo
que no hiere,
la única herida
que no duele…
Pero yo soy mas honda que el dolor
y tengo entre mi arcilla,
después de cada muerte
otra semilla.
RECIPIENTE
Estupefacta,
como ser terrenal
que se encuentra cara a cara
con un dios zenital
que baja
y lo acompaña.
Atónita e incrédula
como novicia incauta
que adivina
la voz de un ángel
que canta
junto a ella…..
Quieta,
como un cántaro
preñado
por el sabor del agua,
sorprendida
como una copa
herida
en su cristal profundo
por el paso de una onda
de música que se alza
y que penetra con su ritmo
a la interior estancia
de lo íntimo…….
Iridiscente,
como vasija traspasada
por el rayo
de una luz recién
creada.
Así,
en este estado
de elación me dejas
tras el paso
de tu hálito.
Ser alado, ángel,
hombre hecho de ojos
sin medida, de mirada sin prisa,
de aliento eterno,
de melodías sin peso,
espejo frente a espejo
revertido
en el encuentro
de tu rostro y mi rostro
y tus pupilas en las mías;
de pieles electrizadas y efervescentes,
bajo los dedos mojados
en tu música
inaudita.
Soy
recipiente de tu fuente
medular e intensa,
de tu fuero integral,
de tu vivencia.
Tu mente que se abre
bajo la greda de mi frente…
Tu pensamiento involucral
que me acaricia
y me rodea…
Y te irás…te irás cuando los ecos
de tus arpegios
se me pierdan,……
mundo abajo del tiempo,
por el grito del recuerdo…
Tu palabra tonal,
tu palabra escalar,
tu palabra musical
engastada en mi cerebro,
incrustada en mi pecho,
grabada
en la memoria
dolorosa
de tus besos.
Porque te irás...
y yo
me quedaré en silencio…
Pero….
aún seré continente,
continente de tus aguas de música,
de tu río de escalas cromáticas
y
del de mis lágrimas,
ribera de los ecos de tu aliento,
huella impregnada por tu cuerpo,
patria del recuerdo
y monumento
para tu alma.
ORGASMO NO: ! ES ÉXTASIS !
El éxtasis
no es,
NO ES
el orgasmo.
La gente sin hondura
confunde los términos.
Mas…
el éxtasis no surge
de los terminales de los nervios,
esas raíces escondidas
como espinas íntimas
entre los pliegues de tu sexo;
las que hurgan y punzan,
urticantes,
labios y cuellos,
con roces leves
o con toques intensos,
en los rincones de tu cuerpo
desatando
indecibles deleites
entre
estertores y estremecimientos.
Pero ! NO!
el éxtasis NO ES eso.
El éxtasis del que hablo
ignora por completo
tu ser físico,
tu sed, tu piel,
tus órganos internos.
Tus deseos.
Abandona
los sentidos vivos
de tus hambres sensuales,
viscerales,
y te centra
en un plano psíquico
que lleva
a otra realidad interna.
Al contrario del orgasmo,
el éxtasis te evade
de todo lo terreno.
El éxtasis es fuego
sin combustible, ni leňo,
es un ciclón de oxígeno
inundando el cerebro,
es respirar sin los pulmones,
sin alvéolos,
la presencia mental del otro ser,
del ser con quien comulgas
en silencio….
Es alcanzar el epicentro
de la contemplación en embeleso,
es arrebato, exaltación,
ascenso,
y al mismo tiempo,
enajenación del propio fuero.
Y sin embargo,
sí hay algo
similar
entre éxtasis y orgasmo:
ambos comienzan, casi siempre,
con la penetración
de un cuerpo en otro cuerpo.
No obstante,
medios y procedimientos
son opuestos.
Porque en el éxtasis
no interviene nunca
un miembro.
En vez de ello,
es la luz la que penetra
la carne transparente
del cristalino y la retina:
la herida abierta
en la pupila,
la puerta,
la beatífica puerta.
La luz, onda que porta
el más sagital de los lenguajes.
Doble incidencia,
penetración de las conciencias,
tránsito, transpaso
de espíritus alados
que se internan
en sus secretas rutas
cruzando los senderos
de sus miradas mutuas,
aún en ausencia.
Un milagro desciende
al contacto de los egos,
en la unión
de pensamientos,
y hay tanta vibración
y tal fulgor espiritual
que los seres alcanzan
un estadio superior
de elevación.
Se pierde
percepción
del lugar y del cuerpo.
se flota y parece
que vamos ascendiendo,
ingrávidos, henchidos
de sentimiento.
Transfigurado el rostro,
la carne iluminada enciende
su demudado gesto,
su rictus misterioso.
Respirar no es necesario.
Nada es normal, y la materia
pierde su contundencia.
La plenitud de amar intensamente
nos revierte
a la verdad transcendental,
y nos convierte
en una nueva
especie.
Ahora somos
más que humanos:
¡ cuando entramos
en éxtasis !